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La sostenibilidad de la vida desde la perspectiva de la economía feminista.

En el invierno de 2019 invitamos a nombre de la Red Rizomas Enredados a Corina Rodríguez Enríquez y a Flora Partenio a participar de una serie de encuentros en ciudades de la Patagonia argentina. La propuesta fue poner en común experiencias y visiones acerca de cómo sostener, cuidar y compartir la vida desde la mirada de la economía feminista. El libro Economía feminista. Desafíos, propuestas, alianzas, publicado por Madreselva en 2018, fue un recurso al que apelamos para debatir y conversar durante estos encuentros que, entre nosotres, bautizamos como “gira patagónica”.
La gira sucedió entre el 20 y el 26 de octubre del 2019, a pocos días de comenzado el levantamiento popular en Ecuador, las protestas masivas en Chile, dos semanas antes del golpe de Estado en Bolivia, con les trabajadores estatales de Chubut en huelga y en la víspera de las elecciones nacionales en Argentina. Nos parece importante mencionar este contexto social porque los diálogos que sostuvimos en cada localidad estuvieron atravesados por comentarios y preguntas sobre la conmoción regional y los modos en que nos afectaba.
La Red Rizomas Enredados es una trama formada por colectivos diversos que suele estar en reposo rizomático, hasta que en algún momento se activa ‒año tras año desde 2012‒ para organizar encuentros e invitar a personas inspiradoras para reflexionar colectivamente sobre un tema de interés común. Los conversatorios son de participación libre y gratuita y se sostienen con colaboraciones voluntarias de la concurrencia. La Red conforma una escuela de formación permanente e itinerante. La impulsa el deseo de compartir y socializar experiencias y saberes para pensar de manera común. Nuestres invitades han dormido en nuestras casas, hemos comido juntes, nos hemos hermanado en nuevas formas de convivencia.
El tema que nos convocó fue la sostenibilidad de la vida desde la perspectiva de la economía feminista. Nos pareció crucial abordarlo porque estamos viviendo una crisis civilizatoria originada por el sistema capitalista, que pone en el centro al mercado y se desentiende de pensar el cuidado y la sostenibilidad de la vida; también porque en nuestros espacios venimos practicando formas de economía feminista. Corina y Flora, como invitadas de la gira, nos aportaron herramientas teóricas para nombrar y seguir pensando lo que hacemos cotidianamente en nuestros territorios; así, teoría y experiencia se nutrieron mutuamente.
Comenzamos en Esquel, provincia de Chubut. Seguimos en el Paraje Entre Ríos de Lago Puelo y en El Bolsón, provincia de Río Negro. Luego llegó a San Martín de los Andes, Zapala y Neuquén Capital. A medida que se desarrollaban los conversatorios nos pareció necesario generar un registro, una suerte de cuaderno de apuntes de esta “escuela de formación continua y popular” que surgía en los encuentros.
Al reunir los apuntes nos dimos cuenta de que eran muchos y valiosos y que sería muy productivo, para quienes participamos de la gira y para otra gente interesada, reunirlos en un libro. Así llegamos a la presente edición, donde quedan registradas las conferencias de Flora y de Corina sobre economía feminista y los diálogos y las reflexiones que se desarrollaban a continuación. Reunir estas conversaciones implica desplazarlas de una zona de los recuerdos hacia un soporte material, para mantenerlas vivas y vigentes, listas para interpelar y nutrir nuestras realidades, incluso aquellas más urbanas, en las que sentimos que pueden espejarse. Ambas conferencias están surcadas, entre muchas conceptualizaciones, por las del conflicto capital-vida, la genealogía de la economía feminista, la organización social de los cuidados, el decrecimiento económico, el feminismo del 99%.
La segunda parte es un registro de los diálogos que se generaron luego de las presentaciones, entre todas las presentes. No se trataba de un público pasivo que miraba una videoconferencia, sino de una comunidad activa que conversaba y ofrecía aportes reflexivos y vivenciales, en una ronda que permitía acortar las distancias geográficas, culturales y de experiencias.
Hay temas que se reiteran, como la relación de los movimientos sociales y las comunidades con el Estado, las limitaciones del progresismo de los gobiernos, el extractivismo, el endeudamiento, las violencias, los telares de la abundancia. Nos pareció importante dar cuenta de la repetición y la insistencia de estos temas, para comprender que hay preocupaciones que son comunes a toda la región y para reflejar, también, las particularidades con que se abordan en cada lugar.
La gira cerró en la ciudad de Neuquén el día previo a las elecciones presidenciales de 2019 que abrirían un impasse al ciclo de expolio y endeudamiento que representaba el gobierno saliente. Sin embargo hoy, casi un año después, al momento de revisar este texto para entrar a imprenta, la actualidad económica y social no ha cambiado estructuralmente pero la pandemia de Covid-19 pone en evidencia la indiscutible crisis civilizatoria que nos toca vivir, que nos atraviesa, y que se describe y se cuestiona en los diálogos que registra esta edición.
Corina y Flora dicen en el epílogo: “La pandemia expone el conflicto capital-vida con más claridad que nunca. La propia expansión acelerada y globalizada del virus constituye una representación muy simbólica de hasta qué punto la vida está en peligro”. Y, con el eco de los diálogos patagónicos resonando aún, se formulan algunas preguntas:
¿Quiénes cuidan? Durante los meses de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) se puso de relevancia la necesidad de los cuidados. El #QuedateEnCasa sólo es posible si en el hogar hay un trabajo de cuidados reproduciendo la vida cada día, en forma desproporcionada generalmente es asumido por las mujeres, lesbianas, travestis o trans. También quedó en evidencia la debilidad de un sistema de salud público devastado por décadas de ajuste, un sistema privado de salud insuficiente, ineficiente y costoso, y las precarias condiciones de les trabajadores de la salud que nos tienen que cuidar, poniéndose elles mismes en riesgo.
¿Quiénes pueden quedarse en casa manteniendo los medios y condiciones de vida más o menos habituales? Durante el aislamiento se evidenciaron los nudos de reproducción de las desigualdades. Las personas de entornos más precarios no pueden mantener el distanciamiento social y carecen de las condiciones de higiene más básicas, por lo que se contagian más el Covid y más aceleradamente, además de ser más destratadas por el sistema de salud. También, quienes viven en estos entornos tienen más dificultades para sostener sus medios de vida (muchas veces vinculados con actividades de supervivencia, que generan ingresos día a día, en la vía pública, en el comercio informal, en el trabajo doméstico remunerado). Las brechas digitales se han exacerbado con la cuarentena, evidenciando la segmentación en la provisión y cobertura de servicios de internet y la disparidad por provincias, zonas de residencia e ingresos. Y son les niñes y adolescentes de estos hogares quienes tienen más dificultad para sostener la educación virtual.
¿Quiénes pueden quedarse en casa y no morir en el intento? La violencia en los espacios que debieran protegernos hace que quedarse en casa no sea seguro para muchas mujeres, lesbianas, travestis, trans y niñes que padecen violencia machista. Les niñes y adolescentes LGBTIQNB+ también están expuestes a violencias homolesbotransodiantes en el contexto de aislamiento, sin posibilidad de acceder a redes de cuidados que les sostengan. Muchas personas trans y travestis han sido desalojadas a pesar de los decretos nacionales que lo impiden.
¿Quiénes son esenciales? Esta pregunta habilita una discusión sobre los trabajos. En tiempos de cuarentena se evidencia que hay algunos trabajos que son “esenciales”: el trabajo en la salud, en la producción de alimentos y bienes básicos, en el transporte público, en la distribución de bienes de consumo, en la limpieza de los espacios urbanos, y otros de los que podríamos prescindir, como el trabajo en las finanzas y en el extractivismo.
¿Cómo se sostienen las fuentes de ingreso en pandemia? El cierre de ferias populares y mercados callejeros en el contexto del ASPO ha implicado la ausencia de ingresos durante meses para quienes viven de esos circuitos, principalmente mujeres. En algunas localidades de la Patagonia, recién en agosto de 2020 se están reiniciando, con mucho esfuerzo, estos espacios de comercialización.
¿Quiénes hacen funcionar los motores? Durante la pandemia se ha evidenciado la crisis energética. Podemos volver a Neuquén y preguntar: ¿de qué modo se ponen en jaque las recetas y los discursos que veían en Vaca Muerta “una salida” durante el contexto electoral? La discusión sobre la soberanía energética es impostergable junto con el debate sobre los bienes comunes y sobre la contaminación en territorios ancestrales apropiados por las empresas petroleras.
¿Dónde viviremos? El acceso al hábitat, el derecho al territorio y la vivienda es otro de los puntos críticos, no sólo en los centros urbanos sino también en la ruralidad, a raíz de las medidas que, durante la pandemia, han favorecido el loteo y quema de tierras y el desmonte de grandes extensiones para el desarrollo del agronegocio y la especulación inmobiliaria. En el marco de la crisis global del sector turístico, sigue sin resolverse el nudo en torno al turismo extractivo/turismo sostenible. Estas tensiones siguen latentes; como dijera una compañera en el encuentro de El Bolsón: “Tiran a un vecino a la calle para alquilar una cabaña”.
¿Qué políticas para qué idea de normalidad? La pandemia también demostró la distancia enorme que hay entre el discurso y la práctica de las políticas públicas. Al tiempo que se han extendido y multiplicado en tiempos de cuarentena las redes de comercialización que apuestan por la soberanía alimentaria, las instituciones públicas continúan alentando el modelo del agronegocio. Se desplegaron medidas para grandes empresas y algunas pymes orientadas a evitar la reducción de los salarios y la pérdida de puestos de trabajo, pero un grupo de empresas decidió avanzar con los despidos.
¿Cómo nos sostenemos entre nosotres? Desde la economía feminista y el ecofeminismo se habla de ecodependencia e interdependependencia. El contexto de la pandemia demostró que la gestión comunitaria es la red que soporta todas las crisis. Esas experiencias colectivas de las que nos nutrimos meses atrás en la Patagonia demostraron, en los barrios vulnerados de las ciudades en las que vivimos, que en la fuerza de la organización, de las lógicas no mercantiles, de la solidaridad, es donde deberían sentarse las bases del tiempo por venir. Mientras transcurre la pandemia, se abre la oportunidad de re-pensar cómo se interconectan las diversas formas de sostenibilidad: alimentaria, ecológica, económica, social, de especies, intergeneracional, energética, hídrica. En esos días patagónicos algunas palabras resuenan hoy: autogestión, mingas, cooperativas, cuidadanía, comunicación comunitaria, viditancia, trafkintu o reciprocidad, caminata grupal, guardianas de semillas, ferias comunitarias, ternura política. Como dijo Cristina Carrasco la economía feminista es una apuesta por otra economía. Esa otra economía que en las comarcas del sur vimos como posible resulta hoy imprescindible. Está hecha de hojas, flores y raíces. Nace de los preparados y de los tejidos que, a la manera jarillense, se enredan, articulan y van mostrando el camino hacia otros mundos posibles.

Por: ADRIANA MARCUS Y VERÓNICA DIZ (Octubre, 2020)
Fuente: LatFem (link)

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