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Pelos y hogares

En “Crítica y Clínica”, Deleuze dice que, ante un mundo plagado de enfermedad y síntomas, la literatura se presenta como una iniciativa de salud: “La salud como literatura, como escritura, consiste en inventar un pueblo que falta”. Creo que Pelos y hogares, el poemario trans de Bruno Cimiano, hace esas dos cosas: es médico de nuestras heridas compartidas y, a su vez, reúne a una comunidad que muchas veces falta en la poesía.

En la introducción, titulada “Descuerpos y diasforias” se lee la crítica al sistema médico hegemónico: “el mercado me ofrece cientos de productos (…). Me ofrece hormonas, inyecciones, me ofrece terapia. Me ofrece dietas y gimnasio”. Actualmente somos bombardeadxs por la exigencia de productividad y salud hegemónica, de etiquetas y diagnósticos, se nos dice que nuestra vida está mal siempre y cuando no encaje con algún parámetro externo. Esto identifica Bruno y, en ese fracaso de la normalidad, crea una comunidad para su poesía: “Me da por creer que a las personas gordas, de funcionalidad diversa, anoréxicas, bulímicas y trans nos están engañando exactamente igual. Que tenemos una desesperación compartida”. En otro momento Bruno se muestra harto: “me cansan los términos, la psiquiatría, me cansa el constructivismo, me cansa el feminismo, me súper cansa el transfeminismo”; los esencialismos, en definitiva, que son fáciles de embanderar pero difíciles de llevar en el cuerpo, porque el cuerpo y el deseo siempre se hacen de excesos y límites difusos.

La lectura de este libro nos invita a una transformación. Por una parte, Bruno comparte los estados de su transición, nos muestra el camino recorrido con sus certezas (“Si. Soy trans. Soy trans masculino”) y advertencias (“No te doy permiso de negociar mi relato/ No tiene que ver contigo). No por hacer un discurso empoderante (en el sentido del coaching marketinero que está tan de moda) sino por levantar su pluma y gritar “soy lo que soy”, como un divo trans de la poesía. La lectura de este libro nos invita a sacarnos los diagnósticos, sacárselos a nuestrxs compañerxs, y comenzar a vernos como lo que somos: una maraña de dudas e incertezas en la búsqueda de un poco de placer y compañía. En el prólogo, Ana Aupí (comunicadora popular feminista, lesbiana y poeta) afirma que: “Todos estos versos le tienen dentro y le sacan fuera, le hacen levantarse ante el mundo con la afirmación profunda de que existe, y el permiso que se abre a que las demás lo hagamos”.

El libro se compone de varias partes, donde el autor nos lleva por grandes tópicos: los recuerdos, el otrx, la identidad, la comunidad, el nosotrxs, los tránsitos. Entre los recuerdos, escribe el poema “Mi Gran Nada” a su ciudad natal (Granada) en España, allí donde se encontró con la política activista: “y por sus calles/ odié la triste calma/ y amé la rabia/ y abracé la lucha/ y me acosté con mis amigas”. A ese recorrido que es personal para cada unx, le debemos nuestra intensidad y nuestra valentía, nuestro andar ligero.

En la sección “Tú” hay poemas de venganza, de amor, de lucha compartida. El poema “No fuiste tú”, por ejemplo, encarna el deseo de vengar las violencias que pasaron y pasan por el cuerpo: “Quiero que me digas su nombre para salir a matarlo./ Y aún así no podría quitarte lo que te han hecho (…)Ni siquiera puedo hacerlo por mí “. Bruno escribe muchas veces así, sin vueltas, diciendo lo que quiere decir, pero su poesía está lejos de ser ‘panfletaria’ porque siempre hay una vuelta en sus poemas, que nos muestran la contradicción de las ‘consignas’ que surgen de los activismos. Nos muestra lo difícil que es trasladar la consigna a la experiencia. Así y todo, los poemas de Bruno están llenos de abrazos, que ayudan a sanar y seguir viendo lo bello de nuestra búsqueda compartida. El poema “Me gustan trans*”, por ejemplo, es un “manifiesto translover”, donde el tú es un otro que deseamos, que queremos, es un poema de amor trans: “Me gustas tanto cuando no lo tienes claro./ Me gusta cuando lo pruebas/ Cuando te atreves”.

Pelos y hogares se planta contra el cisexismo, el sistema médico hegemónico, el amor romántico, se permite también cuestionar al feminismo, al transfeminismo y a todo esencialismo que intente decirnos quiénes somos y cómo tenemos que vivir. Además, los poemas tienen el ritmo de quien llora, grita y, entre espasmos, va sacando hacia fuera lo que estaba dentro de todxs.

“Engánchate a mi vuelo y volvámonos un poco locxs”, “Honremos los errores/ Bebamos calimocho/ tira piedras conmigo/ todas con las que has tropezado”. Invitamos a leer estos poemas con nuestras amigas, parejas, alumnxs, compañerxs y personas cercanas. Leerlos, reconocernos, llorar y entender que somos un montón sintiendo intensamente al mundo. Como dice una de las prologuistas: “Necesitamos puños como Bruno, necesitamos más poesía para diferir este mundo muchas veces incomprensible, escribir para sobrevivir”. La lectura compartida es también un modo de sobrevivir.

Sobre la edición de Pelos y hogares

Este libro fue publicado bajo una colaboración entre Detritus Books y Editorial Segadores. Fue escrito entre el 2013 y 2019 en Palencia, Granada y Barcelona. Es publicado y distribuido en Argentina por Editorial Madreselva. Las ilustraciones son de Iziar Torres. Bruno Cimiano, además de poeta, es gestaltista y transfeminista. En este libro, nos acerca a la intimidad de su transición, sus amores y rupturas desde una mirada política, dolorosa y, a veces también, erótica.

Reseña: Anshi Moran
Publicado originalmente en https://lalibre.com.ar/

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